17 de febrer de 2012

Molt interessant!!!!

LET’S UNIVERSITY. ¿QUÉ HACEMOS CON LAS ARTÍSTICAS SUPERIORES?

MANUEL F. VIEITES GARCÍA
Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación
Crítico e investigador teatral

La sentencia del Supremo nos devuelve al lugar de partida. Es decir, los centros superiores de enseñanzas artísticas, si el Ministerio de Educación no lo remedia, ofrecerán estudios superiores que conducirán a la obtención de un “título superior”, o, en su caso, de un “grado artístico” (sic., lo que no deja de ser un eufemismo), que, de nuevo, será, siempre, “equivalente”, es decir que aspira a tener una esencia que en realidad no tiene. Se tratará de un parche que redunda en una equiparación a todas luces insuficiente, por cuanto quedan por resolver problemas fundamentales para que los centros que imparten enseñanzas artísticas superiores se puedan incorporar plenamente al Espacio Europeo de la Educación Superior. Con esta nota pretendemos arrojar un poco de luz sobre este asunto desde una perspectiva personal y subjetiva, no me arrogo representaciones que ni tengo ni he pactado, pero no por eso menos meditada. Parto del hecho de que esa “equivalencia a todos los efectos” lo es en realidad a los efectos académicos (titulación) pero no en otros muchos efectos y aspectos, pues por muchas ínfulas que nos demos, o nos den, nuestros centros no dejan de ser institutos de secundaria. Y está muy bien ser instituto de secundaria, mi plaza como docente está en uno de Vigo, pero para ofrecer su oferta educativa y no otra. Imaginemos, que el Grado en Medicina lo impartiese un Instituto Integrado de Formación Profesional.

El presente
Hace no tanto, y en diversas ocasiones, desde las páginas de la Revista ADE/Teatro, planteaba la necesidad de que el Ministerio de Educación y Ciencia elaborase, trasladase al Parlamento, y finalmente publicase en el Boletín Oficial del Estado, una Ley Orgánica de las Enseñanzas Artísticas Superiores (y he de decir que recibí no pocas críticas por ello, incluso algún comentario conmiserativo, y alguna llamada al orden). Sin duda ese sería el camino para lograr esa ansiada equiparación, ese espacio específico que se reclama para nuestras enseñanzas, pero no hay ninguna garantía de que esa Ley se pueda promulgar algún día. Es más, sería casi un milagro que una tal Ley llegue algún día a ser en la actual coyuntura económica.

La publicación del Real Decreto 1614/2009 debiera haber obligado al Ministerio y a las Comunidades Autónomas a establecer mecanismos que permitiesen adecuar las enseñanzas, los centros, y las comunidades educativas, al Espacio Europeo de Educación Superior, pero no ha sido así. En algunos casos, se han dado pasos, pero, en ningún caso, en la dirección de la propuesta hecha en su día por el profesor Embid Irujo, porque en su informe el profesor de la Universidad de Zaragoza proponía la creación de “universidades de las artes”, como en su día se decidió la creación de “universidades politécnicas”. En realidad, lo que acabaron por ser los citados Institutos son organismos autónomos de carácter fundamentalmente administrativo, unidades de gestión de centros, que dejan sin resolver muchos de los problemas de las Enseñanzas Artísticas Superiores, desde la estructura organizativa de los centros, que siguen siendo institutos de secundaria, al estatuto del profesorado, que sigue integrado en los cuerpos de profesores o catedráticos de siempre.

A modo de resumen, y con la sentencia en la mano, veamos los problemas que quedan por resolver en los centros o en los institutos:
  • Los estudios que ofrecen vuelven a ser, después del espejismo, estudios “equivalentes” a los estudios universitarios de grado y postgrado.
  • Los centros no podrán ofrecer estudios de doctorado, por lo que seguiremos sin doctorados artísticos, es decir sin el título de doctor en teatro, en danza, en música... Los doctorados seguirán dependiendo además de las facultades universitarias.
  • El profesorado se mantiene en los cuerpos docentes de siempre, lo que implica su no equiparación al profesorado universitario, ni a nivel de categoría académica, ni a nivel de jornada laboral ni a nivel de salario y complementos.
  • El alumnado sigue siendo un alumnado no universitario, con lo que de nuevo se verá obligado a mendigar un trato similar al que recibe el alumnado universitario, en cuanto a becas, residencias, ayudas, bolsas y otros derechos...
  • Los centros seguirán funcionando con una estructura obsoleta, en ningún caso comparable con el de una facultad universitaria.
  • Los centros seguirán contando con unos recursos financieros escasos, calculados según criterios generalistas, y en nada adecuados a las necesidades derivadas de la integración de las enseñanzas en el EEES. Y ya sabemos que hay centros que tienen de todo (¡no presuman!), pero son los menos, muy pocos.
  • Los centros carecen de los equipamientos e infraestructuras necesarias para el pleno desarrollo de los procesos de enseñanza, aprendizaje, creación e investigación derivados del EEES y del Espacio Europeo de Investigación.
  • Los centros seguirán padeciendo problemas derivados de un cuadro de personal de administración y servicios insuficiente. Muchos de los centros carecen del personal necesario para gestionar teatros, equipamientos técnicos o coordinar las producciones que se realizan, tareas que recaen sobre el profesorado. Y ya sabemos que hay centros que tienen de todo, pero son los menos, contados.
  • Los centros seguirán padeciendo problemas en cuanto a dotaciones en áreas tan importantes como Bibliotecas o Archivos, pues muchos de ellos carecen de personal específico para su gestión, debiendo el profesorado asumir esas tareas para mantener los servicios en funcionamiento. Y ya sabemos que hay centros que tienen de todo, pero son los menos, muchos menos.
  • Los centros carecerán de los recursos necesarios para implantar un Sistema de Garantía Interna de la Calidad, necesario para el futuro proceso de acreditación y verificación de titulaciones.
  • El profesorado tendrá dificultades para desarrollar líneas de investigación o creación dado que los centros no forman parte de la red de instituciones investigadoras, lo que impedirá que puedan participar en las convocatorias de promoción del conocimiento o I+D+i para equipos de investigación, sean de carácter autonómico, estatal o internacional.
  • El profesorado no verá reconocida su trayectoria investigadora, como ocurre en la universidad, ni recibirá las oportunas compensaciones por esa labor. Tampoco contará con recursos de investigación.
  • El profesorado carece de los recursos y equipamientos necesarios para desarrollar las tareas derivadas de la aplicación del crédito ECTS. Es decir, carece de un simple espacio en el que recibir al alumnado y en el que desarrollar su tarea investigadora.
  • La movilidad del profesorado se verá seriamente afectada dado que carece de recursos para afrontar estancias en el extranjero, estancias que por otra parte tampoco contempla la administración educativa. Pero esa movilidad también se ve afectada por una reglamentación de la jornada laboral que le requiere 18 horas de actividades lectivas en clase.
  • El alumnado no podrá vincularse con equipos de investigación como posgraduados dada la inexistencia de tales equipos y dada la carencia de ayudas específicas para crearlos.
  • El alumnado, salvo el de aquellos centros con una cierta historia, seguirá teniendo problemas para participar en programas de movilidad como Erasmus, y los centros tampoco tendrán personal especializado para gestionar esos procesos de intercambio. Y ya sabemos que hay centros que tienen de todo, pero son los menos (¡no presuman!).
Se podrían aducir más problemas, muchos y muchos más. Incluso yo podría hablar por extenso de cómo me siento impartiendo docencia en el Grado en Arte Dramática (en la ESAD de Galicia) y en el Grado en Educación Infantil (en la Universidad de Vigo, como asociado), y la verdad es que en cuanto a medios, recursos, equipamientos… no hay color, incluso si les digo que imparto una materia teórica con bastantes horas prácticas en grupo pequeño (y es que la universidad ha cambiado mucho, y para bien). No temo a la universidad porque la conozco. Hay mucha visión extemporánea.

Con los señalados, hay suficiente materia como para tomar conciencia de que la convergencia de las enseñanzas artísticas superiores en el EEES va a ser sumamente difícil. Visto lo que está ocurriendo a día de hoy es difícil imaginar un escenario de plena equiparación. Esto implica que los centros deban funcionar como facultades universitarias en lo curricular y como centros de secundaria en lo administrativo, lo que acabará por ser inviable. 

Alternativas: Let’s University
Ante esta situación, cabe preguntarse cuál sería la mejor opción si de verdad queremos que las enseñanzas artísticas superiores se integren plenamente en el EEES. Y creo honestamente, a mis 56 años y tras 32 años de servicio como funcionario docente, que la mejor opción pasa por la integración de estas enseñanzas en la Universidad, si bien ese proceso de integración debe hacerse de la forma más adecuada, considerando ventajas y calibrando inconvenientes, pero sobre todo estableciendo un proceso gradual que vaya de una primera adscripción a una definitiva integración, lo que permitiría que el Ministerio de Educación pudiese operar sin prisas pero sin pausas. Veamos las ventajas:
  • Los estudios serán de grado y posgrado, sin equivalencias.
  • Los centros podrán ofrecer estudios de doctorado, y podríamos tener finalmente doctores en danza, teatro... No hagamos trampas, por favor. En España no hay doctorados en teatro…; hubo programas de doctorado con esa denominación, y hay ahora másteres con denominaciones que incluyen ese tipo de vocablos, pero finalmente el “doctorado” se concede en función de titulaciones de la facultad de referencia.
  • El profesorado se integraría en los cuerpos docentes universitarios, con lo que se evitarían complicadas adecuaciones de las normativas existentes. Ello además permitiría un mayor abanico de contrataciones.
  • El alumnado disfrutaría de becas, residencias, ayudas, bolsas y otros derechos.
  • Los centros pasarían a ser facultades universitarias.
  • Los centros, en tanto facultades universitarias, contarían con los recursos adecuados a las necesidades derivadas de la integración de las enseñanzas en el EEES. Esto, por la simple razón de que no hay en la Universidad ningún centro que carezca de ellos. Pueden tardar en llegar algo, pero llegarán. Dependiendo de Medias ya hemos visto que no llegan.
  • Los centros contarían con los equipamientos e infraestructuras necesarias para el pleno desarrollo de los procesos de enseñanza, aprendizaje e investigación derivados del EEES y del Espacio Europeo de Investigación. No olvidemos que hay en España aulas de teatro en universidades que, nóminas aparte, tienen más presupuesto para gasto corriente que muchas escuelas superiores.
  • Los centros tendrían un cuadro de personal de administración y servicios suficiente: personal necesario para gestionar teatros, equipamientos técnicos, o coordinar las producciones que se realizan. Y es que las universidades tienen una mayor flexibilidad a la hora de integrar nuevos perfiles profesionales en sus Relaciones de Puestos de Trabajo (RTPs).
  • Los centros contarían con dotaciones en áreas tan importantes como Bibliotecas o Archivos, y con personal específico para su gestión, junto al acceso a bases de datos internacionales, como la que acabo de consultar hace un momento y que me permite tener en línea más de 50 revistas de teatro de todo el mundo.
  • Los centros contarían con el Sistema de Garantía Interna de la Calidad de la propia universidad, para el futuro proceso de acreditación y verificación de titulaciones.
  • Los centros contarían con la Oficina Erasmus de su universidad.
  • Los centros contarían con los servicios de promoción de empleo de su universidad.
  • El profesorado podría desarrollar líneas de investigación o creación dado que su centro formaría parte de la red de instituciones investigadoras, lo que le permitiría participar en las convocatorias para equipos de investigación de carácter autonómico, estatal o internacional.
  • El profesorado vería reconocida su trayectoria investigadora, y las oportunas compensaciones por esa labor. También contaría con recursos de investigación.
  • El profesorado tendría recursos y equipamientos necesarios para desarrollar las tareas derivadas de la aplicación del crédito ECTS, como algo tan sencillo como espacios en el que recibir al alumnado.
  • La movilidad del profesorado se vería favorecida al contar con recursos para afrontar estancias en el extranjero, estancias que sí contempla la administración educativa universitaria. Pero también con una normativa laboral que permite acumular docencia en un semestre para investigar en otro en estancias de formación y/o investigación en el exterior.
  • El alumnado podría vincularse con equipos de investigación como posgraduados dada la existencia de tales equipos y dada la existencia de fondos de esos equipos, o de ayudas específicas para crearlos.
  • El alumnado se vería favorecido por los equipos de movilidad de la Universidad y aumentarían sus posibilidades de  participar en programas de movilidad como Erasmus.
No se trata ahora de decir que del día a la mañana sobre los centros fuese a caer un maná de recursos y equipamientos, pero sí de afirmar que las autoridades universitarias, por la naturaleza de las enseñanzas que ofrecen, han manifestado una enorme receptividad, cuando se ha precisado, para atender las demandas de las enseñanzas con dimensión práctica, y a los hechos me remito. A un Vicerrector de personal, por ejemplo, no hay que explicarle que en la biblioteca de un centro superior no se puede poner a un profesor a despachar libros, porque sabe perfectamente que esa no es su función. Y cuando despacha libros hace competencia desleal a un titulado en biblioteconomía.

Tampoco se trata de jugar al blanco y al negro, sino de valorar los derechos y recursos con que cuenta el profesorado y el alumnado de la universidad, y la forma en que funcionan las facultades, y comparar todo ello con lo que ocurre en los centros superiores de enseñanzas artísticas, haciendo en estos momentos el mismo trabajo. Estos centros, los nuestros, están lamentablemente a años luz, y sólo aquellos de entre los de las artísticas superiores que cuentan con una historia vedraña y centenaria o casi centenaria, muy pocos por cierto, gozan de una posición relativamente buena, pero nunca equiparable. Pero hay más ventajas, que tal vez convenga considerar con un poco de detenimiento:
  • La integración en la universidad implica renunciar a estructuras redundantes, a entes administrativos o académicos superfluos e inservibles vista la función que cumplen, lo que supone un considerable ahorro de recursos que se podrían dedicar a otros menesteres. Es importante insistir en la idea de una manifiesta optimización de recursos.
  • La integración en la universidad supone no perder tiempo y recursos en la elaboración de normativas nuevas que a veces tienen un encaje difícil en la legislación actual. Los centros superiores adscritos pasarían a regirse, tal y como establece la Ley Orgánica de Universidades en su revisión de 2004, por la normativa universitaria, incluida la dedicación docente del profesorado.
  • La integración en la universidad supone la plena equiparación de enseñanzas, centros, profesorado y alumnado por la vía más rápida, cómoda y fácil, sin que se lesionen derechos. Antes bien, se potencian derechos de forma considerable.
  • La integración en la universidad supone la incorporación de los centros a una estructura académica y administrativa mucho más preparada en el proceso de convergencia en el EEES.
  • La integración en la universidad supone dar varios pasos en la dirección adecuada, porque ese es el espacio natural de las enseñanzas superiores.

¿Inconvenientes? Los hay, por supuesto, pero todos ellos salvables a poco que los pasos se den de forma adecuada y mediante una negociación posible y muy plausible. Y para eso están los centros con sus decisiones, las juntas directivas de los mismos ejerciendo su representación, y los sindicatos. El ejemplo de la integración de los Institutos Nacionales de Educación Física puede ser un buen ejemplo de esa posibilidad y de la no existencia de daños directos o colaterales para los centros, antes al contrario. He ahí un espejo en el que poder mirarse y con el que derribar tantos mitos, falsos tópicos y miedos atávicos. En esa negociación habría que prestar especial atención a:
  • La creación en cada universidad de centros que acogiesen a varias enseñanzas, como podría ser el caso de una Escuela Superior de Música y Artes escénicas (música, teatro y danza).
  • El mantenimiento de la docencia en los departamentos de los centros superiores, creando en cada centro un departamento con varias áreas
  •  La integración del profesorado en los cuerpos docentes de la Universidad, lo que para los actuales funcionarios tan sólo implica la titulación de doctor/a y la obtención de la acreditació
  • La definición de un cuadro de personal de administración y servicios para cada centro. A negociar.
  • Las infraestructuras, equipamientos y recursos de los centros. A negociar.
  • Los recursos financieros de cada centro. A negociar.
  • La ratio profesor / alumno, que se debería mantener en parámetros adecuados, aunque hay carreras universitarias de carácter muy práctico (Educación física, Fisioterapia, Enfermería, Ingeniería) en las que se ofrece una formación muy práctica e individualizada.
¿Proceso? En dos fases. En primer lugar, mediante una adscripción temporal, por medio de la cual los centros ya pasarían a depender administrativamente de la Universidad, pero no académicamente, lo que permitiría que el profesorado pudiese cumplir los requisitos necesarios para la integración en los cuerpos universitarios. Se precisaría un mínimo de cinco años. Luego, mediante la integración plena.

¿Posibilidades? Todas, sobre todo porque es algo que ya se contempla en el artículo 58, apartado 4, de la LOE. Es decir, cualquier administración autonómica podría dictar una norma mediante la que se estableciese el procedimiento por medio del que las enseñanzas artísticas superiores, en el ámbito territorial de su competencia, pasarían a integrarse en la universidad. Es más, el Ministerio de Educación y Ciencia podría recomendarlo o establecerlo mediante una norma específica. Ese puede ser un camino a seguir. Seguramente el más fácil. 

Coda
Se ha hablado mucho de la necesidad de dotar a los centros de enseñanzas artísticas superiores de un “marco específico”, olvidando que muchas otras enseñanzas superiores, con una dimensión práctica, están presentes en la universidad a pesar de que también precisarían un “marco específico”, y lo están porque las universidades se lo ofrecen. Es el caso de la Yale School of Drama, o de la Central School of Speech and Drama. Lo demás es hacer uso del tópico, del lugar común, del miedo atávico…

Por último he de decir que quienes defendemos la integración en la universidad lo hacemos única y exclusivamente con nuestra palabra, sin arrogarnos representaciones que no tenemos ni echando mano de relatos de miedo… A pecho descubierto, con pasión, con tolerancia, pero sin ira.