24 de març de 2009

‘COL.diesis’, escuchar los sonidos del color

El Departamento de Matemáticas de la UIB desarrolla un dispositivo para que los niños invidentes sustituyan la percepción visual por el sentido del oído

Un sonido brillante o una voz opaca, ¿puede un sonido tener una cualidad que sólo es visible a nuestro ojo? Un color amarillo chillón o un azul armónico, ¿pueden los colores chillar o ser melódicos? Aunque nunca nos hayamos detenido a pensarlo, en nuestro lenguaje cotidiano abunda la sinestesia, un fenómeno que se caracteriza por causar, a través de un estimulo conectado a un sentido, percepciones pertenecientes a otro.
El olfato, el tacto, el gusto, la vista y el oído entremezclan sus dimensiones. Así, hay personas que saborean los sonidos o que traducen éstos en colores. Las hipótesis científicas apuntan a la existencia de una activación cruzada de regiones próximas del cerebro encargadas de interpretar distintas informaciones sensoriales.
En la práctica, no existe un patrón común, y aunque la interconexión puede ser de lo más diversa, una de las formas más frecuentes es la de mezclar color y sonido, una relación que ha quedado plasmada tanto en el vocabulario de la música como en el de la pintura a lo largo de los siglos.
La música ha empleado términos que se utilizan en la pintura para definir sus conceptos, por ejemplo, la palabra color se emplea para referirse al timbre; y adjetivos como oscuro, se refieren a la falta de nitidez del sonido. De igual manera, los vocablos tono y armonía son una herencia que la música ha dejado a la pintura. Este aparente ‘cruce de cables’ ha sido una fuente inagotable de creatividad artística, y son famosos los casos de pintores como Kandinsky y Klee, o músicos como Lizst o Messiaen por su capacidad de asociar colores y tonalidades musicales.
El proyecto COL.diesis, color y bemoles en italiano, subtitulado, El color se transforma en sonido, tiene su origen en el proyecto final de carrera de Jessica Rossi, coordinadora del mismo, y está basado en la sinestesia, con una orientación especifica a la discapacidad visual infantil. «Comencé a trabajar con niños invidentes –explica Rossi– y me sorprendió la forma tan personal que tienen de percibir el color y cómo lo describen a través de estímulos de otros sentidos. Así, uno de mis objetivos con este trabajo era resolver, empleando otras vías de percepción alternativas, en este caso la auditiva, su imposibilidad de poder percibirlos».
Para conseguir que un niño aprenda conceptos que no ve, el equipo de la UIB ha desarrollado COL.diesis, un sistema que dispone de una batería de colores relacionada con sonidos y que permite que un objeto tenga diferentes melodías dependiendo de los colores y sus tonos.
Tenemos, por ejemplo, un cuadro con un paisaje campestre en el que el sol brilla en todo su esplendor; en medio hay una casa de color rojo, también se ven prados con flores moradas, árboles y un riachuelo. Ahora, vamos a escuchar este mismo cuadro. El sol es una melodía de flauta dulce, que se vuelve más aguda a medida que el amarillo aumenta su claridad; el cielo azul suena a clarinete; la casa roja es un sonido de tambores; y los verdes prados cuajados de flores se oyen como melodías de piano y de órgano. Y de nuevo un sonido de clarinete, esta vez más grave, porque el agua del riachuelo es de un azul más oscuro que el del cielo.
Aunque la asociación de los colores con las melodías de los instrumentos es subjetiva, existen puntos comunes, como que todo el mundo asocia los colores claros a sonidos agudos y los oscuros a sonidos graves. «El código del color relacionado con la melodía de un instrumento –matiza Rossi– ya es mas personal, aunque se dan muchas coincidencias, como por ejemplo relacionar el morado con el órgano. Por esta razón, existe la posibilidad de que el usuario pueda crear combinaciones de sonido según su sensibilidad».
La gama de colores se divide en seis grupos: rojo, azul, amarillo, verde, naranja y morado, subdivididos a su vez en cinco tonos que van desde el más oscuro al más claro. Además del negro y blanco. Al negro le corresponde el silencio, al blanco un sonido cristalino; los otros seis son distintas melodías, una por cada color, que van transformándose en más agudas o más graves a medida que éste se aclara u oscurece.
El dispositivo COL.diesis se compone de dos partes principales: un anillo y un brazalete. El primero se coloca sobre el dedo corazón, donde un sensor recibe la información sobre el color y lo detecta, reenviándolo al brazalete, situado en la muñeca, y que funciona, mediante baterías, a modo de caja acústica, de donde sale el sonido cuando se conecta la salida de audio. Es esencial que el niño se pueda mover libremente: por eso el dispositivo no lleva cables.
En principio el sistema está orientado a niños invidentes, pero también puede ser muy interesante como estimulador sensorial para todos aquellos que sufran cualquier tipo de discapacidad, ya que asociar los colores a los sonidos, les puede ayudar a exteriorizar emociones que podrían tener dificultad en comunicar de otra manera. COL.diesis está pensado para edades comprendidas entre los 5 y los 12 años, aunque también podría ser útil en mayores de esta edad. Y por descontado, en niños sin ningún tipo de discapacidad como un primer acercamiento al campo de la música.
Font: Elena Soto Palma