9 de juny de 2009

Los bebés nacen con ritmo

Los recién nacidos son capaces de detectar el ritmo de la música, la cual también es una valiosa herramienta para estimular el desarrollo cerebral de los niños, desde sus edades más tempranas, incluso cuanto tienen pocos meses de vida.
La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso”, afirmó
el famoso pianista y compositor austriaco de origen húngaro, Franz Liszt, creador del denominado “poema sinfónico”.
Además de todas estas virtudes, y de muchas otras que sería largo enumerar, las melodías se hallan íntimamente vinculadas a los seres humanos durante toda su vida, incluso desde antes de que venga al mundo, y ejercen una especial influencia durante la infancia, de acuerdo a investigaciones recientes.
Según un estudio del Instituto de Lógica, Lenguaje y Computación de la Universidad de Ámsterdam en los Países Bajos, cuando acaban de nacer, los bebés ya tienen la capacidad de reconocer el ritmo musical, es decir la proporción guardada entre el tiempo de un movimiento y el de otro diferente.
Según los investigadores, este hallazgo sugiere que la “iniciación al ritmo”, un sentido para detectar el ritmo regular, es innata o posiblemente “se aprende” en el útero materno.
Los estudiosos holandeses consideran que para entender cómo las personas pueden aprender a conocer la música hay que descubrir las capacidades perceptivas con las que nacen los bebés.
La “iniciación al ritmo”, la detección de un pulso regular en una señal auditiva, es considerada una capacidad humana fundamental, la cual ha podido tener un papel clave en el origen de la música. Por ahora, los teóricos siguen debatiendo obre si esta característica es connatural y nace con la misma persona o aprendida posteriormente.
Los investigadores de Ámsterdam señalan en su trabajo que los bebés recién nacidos desarrollan una actitud de expectativa ante el inicio de ciclos rítmicos, el compás, incluso cuando no está marcado por el estrés u otros factores.
Al omitir el compás se produce una actividad asociada con la contradicción en las expectativas sensoriales. Por ello, los científicos indican que estos resultados apoyan en gran medida la visión de que la percepción del ritmo es innata.
"La gente puede sincronizar con facilidad la música debido a sus expectativas sobre cómo proseguirá el ritmo o el tempo y teníamos mucho interés en determinar si los recién nacidos también pueden hacerlo", ha explicado Henkjan Honing, el profesor de cognición musical de la Universidad de Ámsterdam.
El equipo que dirigía puso música de rock para que los bebés la escucharan mientras monitorizaban su actividad cerebral y así encontraron que los recién nacidos eran capaces de detectar un ritmo descompasado.
La música también tiene un gran protagonismo en la infancia de los seres humanos, como potenciadora de su capacidad mental.
La música de Mozart parece tener un poderoso efecto sobre las habilidades cerebrales, en especial la Sonata para dos pianos en Re Mayor ó K448, la cual parece mejorar la concentración, aumentar la creatividad y capacidad intelectual, además de mejorar el razonamiento espaciotemporal, la percepción espacial y la expresión verbal.
Ello se debe al denominado “Efecto Mozart”: un incremento de la energía cerebral, el rendimiento intelectual y las habilidades para visualizar e imaginar formas espaciales, que se producen cuando se escuchan las melodías del compositor austriaco.
Además, las enfermeras del Hospital Universitario La Fe, en Valencia, en España, han estudiado los beneficios de la música en los niños prematuros y bebés con síndrome de abstinencia.
Estas expertas han comprobado que las melodías de Mozart, Vivaldi o Brahms mejoran la frecuencia cardiaca y el nivel de oxígeno del recién nacido ingresado. Ello produce un estado de relajamiento mayor y un sueño mucho más tranquilo.
Los bebés escuchaban música clásica tres veces al día durante una hora, con la cual se calmaban, dormían mejor, mejoraba su oxigenación y se mitigaba mucho su irritabilidad.
Font: Daniel Galilea.