9 d’octubre de 2012

Llegiu, llegiu: l'olla està que bull!!!!

Razones para la supresión del bachillerato de artes escénicas

El autor reclama una explicación a la eliminación en la reforma educativa de la modalidad de música y danza, que respondía hasta ahora "a una necesidad educativa, cultural y social"

Históricamente, la música, la danza y el arte dramático no han tenido en España la consideración que sí tienen en otros países. Si en Alemania, Bach, Beethoven, Brahms o Stockhausen, Pina Bausch forman parte fundamental de la cultura del país; si en Francia, con Couperin, Rameau, Berlioz, Bizet, Debussy, Ravel, Messiaen o Boulez sucede lo mismo; en España no es usual que el ciudadano medio conozca, o simplemente le suenen, los nombres de Tomás Luis de Victoria, el Padre Soler o María de Ávila. Sin embargo, España goza de un patrimonio en artes plásticas inmenso, y ese mismo ciudadano medio sí conoce los nombres de Velázquez, El Greco, Goya, Picasso, Miró, Dalí, Barceló o Chillida. Esta situación revela que en nuestro país las artes escénicas nunca han gozado del mismo reconocimiento que las plásticas, y puede que ese sea uno de los motivos por los que estas últimas sí encontraran su lugar dentro de la estructura del Bachillerato y de la Universidad.

Por otro lado, no parece sostenible el supuesto perverso de que si Alemania, Austria, Rusia, Finlandia, Hungría y otros países de nuestro entorno producen muchos más músicos y bailarines que España, ello se deba a la falta de talento de los niños españoles o a su indolencia. Tampoco es algo que pueda ser atribuible a la tradición —como demuestra la irrupción de Corea, China o Venezuela—, sino que la responsabilidad ha de recaer en los diseños de los sistemas educativos, cuya estructura siempre ha dificultado que los aspirantes a artistas desarrollaran sus destrezas de forma conveniente. Así, la incuestionable aportación española al mundo de la música y la danza ha sido por lo general debida al talento innato y a la firme voluntad de los artistas y nunca, lamentablemente, al sistema educativo.

Hasta hace muy poco, el problema radicaba en que los estudiantes que simultaneaban las enseñanzas artísticas con las obligatorias recibían semanalmente 30 horas de docencia directa del bachillerato más las 10 de música o las 25 de danza; es decir, una carga lectiva desproporcionada e inasumible a la que habría que añadir las horas de estudio y de práctica instrumental. Un primer paso adelante se produjo cuando la LOGSE dispuso que aquellos estudiantes que superaran las asignaturas comunes del bachillerato junto con las del Grado Medio de Conservatorio (denominadas Enseñanzas Profesionales tras la implantación de la LOE) obtendrían el título de Bachiller, requisito obviamente indispensable para acceder a cualquier tipo de enseñanza superior. Sin embargo, al no haber cursado las asignaturas específicas de alguna de las modalidades del bachillerato, dichos alumnos no podían presentarse a las pruebas de acceso a la universidad; es decir: esta opción se dirigía únicamente a aquellos alumnos que tuvieran una vocación artística muy definida, pero no a aquellos que mantuvieran alguna incertidumbre o soportaran presiones e incomprensión en su entorno, lo que era, y sigue siendo, harto frecuente.
Con la promulgación de la LOE en el año 2006, se fue más allá y se creó una nueva vía dentro de la modalidad del Bachillerato Artístico, destinada por fin a integrar las artes escénicas, la música y la danza en las enseñanzas de régimen general. Como veremos, esto proporciona varias ventajas:

La primera es que al crearse esta nueva vía, sus materias han de ser incluidas en la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), lo cual tiene como consecuencia que aquellos estudiantes que optan por cursar solo las comunes no renuncian al mundo universitario, ya que una vez superada la PAU se encontrarán con un abanico de unas 27 carreras, todas lo suficientemente atractivas y todas a su alcance. Para algunas de las mismas -Magisterio, Periodismo, Historia del Arte, etcétera- es conveniente la formación que proporciona esta vía y para otras no es necesario una preparación específica en el bachillerato.
La segunda radica en que aquellos estudiantes que no cursen ambas enseñanzas con una exacta correspondencia entre los cursos, si optan por la vía de bachillerato se podrán beneficiar de las convalidaciones existentes entre ellas, y dedicarse así al estudio de su especialidad artística con mayor intensidad. Luego, con su título de bachillerato —y habiendo terminado o no las enseñanzas de música o danza—, podrán optar por presentarse a las pruebas de ingreso de los Conservatorios Superiores o a la PAU.

Por último, convendría señalar que una de las mayores ventajas de este diseño no ha sido suficientemente explotada por las Administraciones educativas de las comunidades autónomas, especialmente aquellas que cuentan con un territorio extenso y con único un conservatorio en cada provincia. España se ha dotado de una extensa red de escuelas municipales de Música y Danza y en las mismas se pueden encontrar estudiantes talentosos, con vocación y voluntad para dedicarse a estas disciplinas. Sin embargo, estos alumnos no siempre encuentran en su entorno cercano un conservatorio profesional. Si la Administración correspondiente ubicara en su entorno un instituto con esta vía de artes escénicas, música y danza, este estudiante tendría a su disposición una formación completa (recordemos que las materias de Bachillerato tienen sus análogas en los Conservatorios) para poder presentarse a las pruebas de ingreso de los conservatorios superiores o la PAU.

Como hemos visto, el diseño de la LOE proporciona flexibilidad a la estructura del sistema educativo y las pasarelas que permiten al estudiante cambiar de trayectoria si cambiara de opinión respecto a su futuro. En todos los casos, el apostar por cursar una especialidad artística no supone cerrar de manera irreversible el acceso a la Universidad. Por otro lado, la supresión de la vía, si se produjera, no solo afectaría a aquellos alumnos que desean cursarla, sino que afecta directamente a los miles de alumnos que están estudiando en los conservatorios profesionales, escuelas municipales y academias privadas.
Por si fuera poco la implantación que se ha hecho hasta ahora de la misma debe calificarse de exitosa y muy por encima de las expectativas de los propios centros que la ofertan. Como ejemplo, baste decir que la Comunidad de Madrid oferta esta vía en siete institutos públicos, algunos de ellos cuentan con tres aulas por curso y con una demanda que supera el número de plazas ofertadas.

Concluyendo, esperamos que la cúpula del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte reflexione sobre este asunto y esta medida sea retirada del anteproyecto porque nos retrotrae a la situación de la LOGSE, porque en nada perjudica a la estructura del sistema educativo, porque nos homologa a los países con sistemas que incluyen esta vía y, sobre todo, porque atiende a una necesidad educativa, cultural y social.

¿Razones para la supresión de la Vía de Artes Escénicas, Música y Danza? ¿Cuáles?
Xabier Sukia es profesor de piano en el Conservatorio Federico Moreno Torroba de Madrid

Font: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/05/actualidad/1349437935_201866.html